En muchas familias, los problemas se quedaban dentro de la casa. Quizás escuchaste “los trapos sucios se lavan en casa”, o viste a los adultos de tu vida salir adelante en momentos difíciles sin nunca ponerles nombre. Por eso, cuando empiezas a pensar en ir a terapia, puede sentirse como romper una regla que nadie dijo en voz alta.
Como hija de primera generación de padres inmigrantes mexicanos, conozco bien ese sentimiento. Estas son algunas cosas que me gustaría que más clientes de primera generación escucharan antes de su primera sesión.
Buscar apoyo no es traicionar a tu familia
Ir a terapia no significa que pienses que tu familia te falló. Puedes querer a tus padres, honrar lo que sacrificaron y querer entender cómo sus luchas te marcaron. Todo eso puede ser verdad al mismo tiempo.
Muchos de los patrones que las personas de primera generación traen a terapia, como trabajar de más, querer complacer a todos o sentirse responsables de todo, empezaron como formas de sobrevivir. La terapia no se trata de culpar a nadie. Se trata de elegir cuáles de esos patrones quieres conservar.
Sentimientos comunes cuando eres la primera persona
- Culpa por dedicarte tiempo o dinero a ti.
- Dudas de que tus problemas sean “suficientemente grandes” comparados con lo que vivió tu familia.
- Traducirte todo el día entre dos culturas, y a veces entre dos idiomas.
- Miedo a que tu terapeuta no entienda a tu familia, o que la juzgue.
Si aparece alguno de estos sentimientos, puedes decirlo en voz alta en la sesión. Una buena terapeuta les hará espacio en lugar de pasarlos por alto.
Cómo es realmente la primera sesión
No hay diván ni presión para contarlo todo de una vez. Hablaremos de lo que te trajo a terapia, de lo que esperas que cambie y de cómo quieres que trabajemos juntas. Tú decides qué compartir y cuándo. También puedes preguntarme lo que quieras: cómo trabajo, mi historia o cómo podría ser la terapia para ti.
No tienes que contárselo a nadie
Decirle o no a tu familia que vas a terapia es completamente tu decisión. Algunas personas lo cuentan enseguida, otras esperan y otras nunca lo hacen. Lo que hablamos en sesión es privado, con algunas excepciones legales relacionadas con la seguridad que te explicaré en nuestra primera cita.
Encontrar a la persona adecuada
Está bien buscar una terapeuta que comparta o entienda tu cultura o tu idioma. A muchas personas les resulta más fácil abrirse cuando no tienen que explicar lo básico de quiénes son. Una consulta gratuita de 15 minutos es una forma sencilla de ver si somos un buen equipo, sin compromiso.


